Picoyo – chuchín

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El chuchín o picoyo en su estado natural tiene la forma de un cono de madera y en su interior es de color ámbar rojizo. Se le encuentra enterrado en el suelo de bosques milenarios o en riachuelos cercanos a estos. Es extremadamente denso y combustible, todavía usado como fuente de calor en las jornadas más frías del invierno.

El descubrimiento de su uso en la artesanía es mérito de la familia Neipán Pitriqueo de Rincón Icalma, particularmente de los hermanos Juan Francisco y Alfredo, quienes dejaron la lenga por el chuchín viendo que el trabajo era, si bien más difícil, de mejor terminación y venta. Se trata de una artesanía poco conocida que por sus características estéticas y su origen natural y cultural permite ver como pocas veces una síntesis entre la naturaleza y lo humano en un mismo objeto.

La elaboración de la artesanía en chuchín comienza con su recolección en las pinalerías, en las montañas cercanas. Para encontrar buen material es preciso un acabado conocimiento del lugar, pues los que mejor se aprovechan son aquellos que están enterrados y por lo tanto muy difíciles de ver. Se encuentran junto a árboles muertos, pewenes caídos hace décadas o siglos. Luego de desenterrarlos se limpian y se dejan secar a la sombra para que no se partan al trabajarlos, ya que el sol los daña irremediablemente.

La artesanía en chuchín es de un alto valor cultural al afirmar el vínculo vital del hombre con el pewén. Somos testigos privilegiados de poder ver el surgimiento y desarrollo de esta artesanía única, que pertenece a los pewenches y que cada día ha de ser más valorada. Se trata de objetos únicos por su materialidad y por la calidad del trabajo con que son elaborados. Pero especialmente por hacer manifiesta la estrecha relación vital e histórica de los pewenches con este árbol que no sólo los alimenta y protege sino que además a través de las manos e inteligencia de los artesanos regala objetos de gran belleza.

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